Sudáfrica. Año 1960. El 21 de marzo, plena
época del apartheid, la policía de dicho país mató a 69 personas que estaban
participando de una manifestación pacífica, protestando contra las leyes
segregacionistas.
Ese fue el día que, años después (1966),
eligió la Asamblea General de las Naciones Unidas para proclamarlo como Día
Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial.
Nos genera algunas reflexiones y comentarios.
Para empezar, siendo sinceros, el común de la
gente desconoce la existencia de una
fecha tan significativa como esta. Si bien el tema de la discriminación
trasciende una fecha determinada y debemos trabajarlo a nivel educativo desde
muy temprana edad, la existencia de este dia podría igualmente favorecer que, durante el mismo o tomándolo
como «disparador», se hagan distintas actividades sobre el tema.
Se puede y se DEBE hacerlo todo el año, a
través de programas de estudio en distintas asignaturas. No obstante, ESTE es el día en el que,
perfectamente se puede enfatizar la
importancia de la lucha contra la discriminación.
Seminarios, charlas, encuentros de distintas
colectividades… seguramente se hacen actividades.Pero…¡tanto más se podría
hacer! En los más distintos ámbitos.
El racismo, la discriminación en cualquiera de
sus formas…es un flagelo. Una enfermedad de la humanidad, que se remonta al fondo de la historia y aún
no tiene cura. La tendrá alguna vez?
Como
uruguayo, me importa especialmente lo que pasa en nuestro querido Uruguay.
Probablemente no estamos tan «contaminados» como en algunas otras
latitudes, pero la discriminación-no descubro nada-también existe aquï.
La hay
especialmente contra afrodescendientes, de forma abierta o encubierta;
la hay contra descendientes de
indígenas; antisemitas existen: bajo el contexto de un conflicto complejo,
amargo, interminable pero absolutamente ajeno al país, hay quienes
grafitean-sin vergüenza- «judíos afuera»; homosexuales y transexuales
también son víctimas del flagelo.
Hace pocos días lo vivimos ni más ni menos que
en el centro de Montevideo.
Agresiones a umbandistas son evidentes. Xenofobia hacia trabajadores
extranjeros. Flagrante discriminación por género. Discriminaciones que muchas
veces terminan en violencia.
Y en
ocasiones, por más increíble que parezca, también a personas con capacidades
diferentes.
Internet. Debería ser-en muchos aspectos lo
es-una herramienta realmente valiosa. Para bien.
Muchos,
en cambio, la utilizan para agredir, para dañar, para lastimar. ¿Porqué?
Considero que la discriminación legal en este
país, prácticamente no existe. Y es cierto que han habido importantes avances
en los últimos tiempos: la ley antidiscriminatoria, la creación de la Comisión
Honoraria contra el racismo lo demuestran.
Lo que
sí se percibe es la discriminación social.
Probablemente quienes ostentan el
prejuicio no son legión. Pero tampoco
son insignificantes en número.
El prejuicio está. Aunque muchas veces se
esconda «debajo de la
alfombra».
Reiteramos: a pesar de todo, se hacen cosas.
Sin duda.
Pero
queda mucho por hacer. Y por CONOCER.
¿Sabe el uruguayo promedio que tenemos ley antidiscriminatoria?
¿Y si
esta enterado de su existencia: sabe
cual es su contenido, sus alcances?
Por ejemplo, en cuanto al tema que estamos
desarrollando, específicamente el artículo 2 de dicha ley afirma que «Se
entenderá por discriminación toda distinción, exclusión, restricción,
preferencia o ejercicio de violencia física y moral, basada en motivos de raza,
color de piel, religión, origen nacional o étnico, discapacidad, aspecto
estético, género, orientación o identidad sexual, que tenga por objeto o por
resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en
condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en
las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de
la vida pública»
En el tema que nos ocupa-y preocupa-sin duda
que, lo esencial, pasa por la educación.
Comienza en el hogar. Se complementa con la escuela. Muy importante la misma, sin
duda.
Pero no sustituye al hogar.
Educar: en el derecho a ser diferentes, en el
respeto al diferente-somos todos diferentes-
en la tolerancia (en el correcto sentido del término); unidad en la
diversidad.
Aceptar al otro tal como es y saber que sus
«diferencias» también me pueden enriquecer a mí.
Y por sobre todo, trasmitir y dejar siempre en
claro que lo que une al genero humano es mucho más importante que las
legítimas- pero nunca insuperables- diferencias, que pudieran haber y que
debemos respetar.
Finalmente: es muy importante recordar que el artículo primero de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos afirma que todos los seres humanos nacen
libres e iguales en dignidad y derechos. Es bueno tenerlo siempre presente.
Siempre!
Lic.Rafael Winter
(Rufo)