Desfile de modelos

30/May/2016

El País, España, Por Lluís Bassets

Desfile de modelos

Hace cinco años, cuando se produjeron las
revueltas árabes de 2011, la experiencia de Turquía permitía argumentar acerca
de la compatibilidad entre islamismo político y democracia, gracias a Recep
Tayyip Erdogan y su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). Desde que
alcanzó el Gobierno por las urnas en 2002, había protagonizado una década
prodigiosa de modernización, crecimiento económico, construcción de
infraestructuras, apertura de negociaciones para ingresar en la UE e incluso
sujeción del poder militar al poder civil. Era el modelo turco, en el que el islam
parecía compatible con la democracia, las libertades y la economía de mercado
y, por supuesto, la OTAN, y que algunos pretendieron imitar en los países que
se sacudían de encima a las dictaduras militares, como Egipto o Túnez.
Uno de estos partidos, el tunecino Ennahda
(“renacimiento” en árabe), presidido por Rachid Ghannuchi, ha celebrado su
congreso este pasado fin de semana precisamente para reafirmarse en su
evolución democrática y constituirse como un partido político, democrático y
civil, que deja para la mezquita la práctica religiosa y no quiere inmiscuirse
en la vida privada. En los mismos días en que Ennahda reunía a sus militantes
en Túnez, el AKP hacía lo propio en Ankara, en su caso para nombrar al nuevo
primer ministro, Binari Yildirim, que sustituye a Ahmed Davutoglu, caído en
desgracia ante Erdogan.
La auténtica prueba democrática es la
alternancia. El talante democrático de un partido solo se comprueba en los
hechos, cuando cede el poder a otro partido para que gobierne. El turco AKP todavía
no ha conocido esta experiencia, y a juzgar por los propósitos
presidencialistas de Erdogan, que quiere perpetuarse hasta 2023, fecha del
centenario de la República, su voluntad de conocerla es más bien escasa.
Ennahda, en cambio, cedió voluntariamente la jefatura del Gobierno en 2013 y
ahora participa en un Gabinete de coalición como socio minoritario a pesar de
que es el primer partido de Túnez.
El primer fracaso del modelo turco se
produjo en Egipto, el país de donde surgieron los Hermanos Musulmanes, la
cofradía más influyente en todo el mundo árabe e islámico con su proyecto de
islamización de la sociedad previa a la toma del poder político. Sucedió allí
lo que ha sucedido tantas veces anteriormente, en la propia Turquía o en
Argelia, y es que las botas de los militares se impusieron a los votos de los
islamistas, aunque también contribuyó la ineptitud de los Hermanos egipcios,
asentados en una mayoría exigua e incapaces de gobernar para todos y de hacer
una Constitución en la que todos cupieran.
Lo que no supieron hacer los Hermanos
egipcios ha sabido hacerlo Ennhada, que ganó las primeras elecciones, participó
en la elaboración de una Constitución inclusiva, en la que se garantiza la
libertad religiosa y la separación entre religión y política, y se ha
transformado ahora en lo más parecido a un partido demócrata musulmán, el
equivalente de la democracia cristiana europea. El islam no es la solución,
como decían los Hermanos egipcios. Turquía ya no es el modelo, como pretendía
Erdogan. El modelo y la solución, por el momento, hay que buscarlos todavía en
Túnez, allí donde empezó todo en diciembre de 2010 y el único lugar donde
todavía se mantiene alguna esperanza.