Mientras preclaras figuras de la diplomacia mundial se afanaban en aplacar la violencia entre israelíes y palestinos, en nuestro país el Movimiento de Participación Popular (MPP) salió desatinadamente a la arena por su cuenta, al costo de dejar a su gobierno y a su Frente Amplio (FA) en una desairada posición embarazosa. El desequilibrio de acusar a Israel de genocidio para exterminar a los palestinos es de tal magnitud que forzó al FA y al canciller Luis Almagro a tomar distancia del MPP. Para tratar de enmendar parcialmente el desaguisado y después de una justificada protesta airada del embajador israelí, Dori Goren, el FA emitió ayer un comunicado oficial condenando por igual «la agresión y la escalada militar» del Estado judío y «los lanzamientos de cohetes desde Gaza al territorio israelí».
Pero lo ocurrido profundiza la percepción preocupante del desorden y los encontronazos internos en la alianza de izquierda que gobierna al país. Su sector mayoritario ignoró nada menos que al conductor de nuestra política exterior pese a que Almagro es uno de sus miembros más conspicuos. Y dejó igualmente mal parados a la jefatura del FA que integra y al propio gobierno del presidente Mujica. El comunicado del FA por lo menos censura los cohetes con que Hamas ataca desde hace tiempo el territorio de Israel, que han aumentado ahora su alcance hasta Jerusalén y Tel Aviv y que dispararon las sangrientas represalias de estos días por las Fuerzas Armadas judías.
Algunos pueden tildar de excesiva la reacción militar de Israel, aunque es comprensible algún tipo de reacción luego de que cientos de misiles caigan sobre su territorio y con mayor intensidad y alcance en los últimos meses. Es deplorable la muerte de palestinos inocentes, incluyendo mujeres y niños. Pero no debe soslayarse, como hizo el MPP, que también han muerto muchos israelíes inocentes en los ataques terroristas, que recrudecieron después de que los ejércitos regulares del mundo árabe fueran derrotados por Israel en tres guerras desde la creación del Estado judío hace 65 años. Desde 1947, Israel ha insistido en una convivencia pacífica con sus vecinos árabes y acepta la creación de un Estado palestino. Pero sucesivos acuerdos alcanzados a lo largo de los años hacia esa meta se han derrumbado por la intransigencia de sectores islámicos extremistas y por la respuesta israelí de gatillo fácil.
Ante la nueva explosión bélica, han convergido en la zona mediadores de la talla de la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton; el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y el presidente Mohamed Morsi, de Egipto, primer estado árabe en firmar la paz con Israel hace décadas. A su meta primaria de asegurar el cese del fuego debe seguir una firme imposición a las partes en conflicto para que convengan finalmente una paz estable, con seguridad para Israel y la creación de un Estado para los palestinos en Cisjordania y Gaza. En el liderazgo palestino hay figuras moderadas dispuestas a un acuerdo. Pero será imposible lograrlo mientras la comunidad internacional no ponga fin, con mano firme en sus presiones diplomáticas, al extremismo violentista de los grupos islámicos respaldados durante largo tiempo por Siria y ahora por Irán.
Desatino del MPP en la crisis levantina
22/Nov/2012
El Observador, Editorial