Del libro como patria portátil

03/Dic/2014

Clarín, Revista Ñ, Por Javier Sinay

Del libro como patria portátil

“La compañía de publicaciones en ídish más
importante de la Argentina, y la más grande del mundo, fue Dos Poylishe
Idntum”, informaba el anuario American Jewish Year Book , editado por el
American Jewish Commitee en 1952.
Dos Poylishe Idntum ,
dirigida por el editor Marc Turkow (1904-1983) –un prócer de la cultura ídish
argentina–, editó, entre 1946 y 1966, 175 libros referidos a la vida judía.
Pero ésta no fue la única editorial que en el período de entreguerras y de
posguerra hizo de Buenos Aires una de las capitales mundiales de la cultura
judía, a la par de Varsovia y Vilna (primero), o de Nueva York y Tel Aviv
(después).
La serie Musterverk fun
der Idisher Literatur, dirigida por Samuel Rollansky, editó cien volúmenes
entre 1957 y 1984: su objetivo –ambicioso, universal– era presentar, desde la
Argentina, un canon de la literatura judía apto para todas las latitudes.
Alejandro Dujovne propone
en Una historia del libro judío las dos razones que llevaron a Buenos Aires a
erigirse como polo intelectual judío a mediados del siglo XX: el Holocausto –y
la desaparición física de escritores, editores, traductores, correctores,
imprenteros y libreros de Europa– y las ventajas económicas comparativas de la
edición argentina. Dujovne investiga los orígenes de este fenómeno en la década
de 1910 y lo persigue hasta la de 1970. Crea un campo que define un modo de ser
judío a través de la palabra impresa, y traza una investigación monumental para
preguntarse qué significaban estos libros para sus lectores, qué identidad se
ponía en juego al producirlos y leerlos, qué universos políticos y culturales
los contenían y cómo circulaban.
Si el libro adquirió un
papel central en la supervivencia del judaísmo en la diáspora y la Torá es
–como ícono de todos los libros y según el poeta Heinrich Heine– la patria
portátil de este pueblo, entonces ¿cuál es la relación entre los judíos
argentinos y los libros? La mirada sociológica de Dujovne está presente en la
construcción del problema que lo ocupa y en las preguntas que se hace; su
talento de investigador se nota en la vastedad de su archivo y en el rescate de
los nombres grandes, pero también en el de los detalles ocultos del mundo que
devela.
Entre las muchas misiones
que viene a cumplir Una historia del libro judío está la de sistematizar el
conjunto vastísimo y desordenado de publicaciones de un mundo que podríamos
llamar “argentídish” y la de rendir homenaje a varias generaciones de
intelectuales, muchos de ellos nacidos en el “alter heim” (el “viejo hogar” de
Europa del Este) y activos en la Argentina. En el mismo sentido, el libro nos
deja una pregunta: ¿qué hacemos los herederos de aquellas generaciones, para
continuar y honrar el camino?