«Una sociedad sana es una sociedad en
la que todos cabemos y no importa el género, etnia o religión».
Jessica Chastain, actriz
Y para que esto pueda plasmarse en realidad
es muy importante conocer y aplicar los Derechos Humanos en «toda su
extensión imaginable». (Parafraseando parte de un artículo de nuestras
Instrucciones del año XIII)
El 10 de diciembre de 1948 fue el día en el
que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración arriba
mencionada. Incluye Preámbulos y 30 artículos.
Seguramente la Segunda Guerra Mundial
-Holocausto incluido- fue el trasfondo e hizo de alguna manera tomar conciencia
a las naciones del mundo (o a buena parte de las mismas) de la necesidad de
elaborar estos derechos tan fundamentales.
Por supuesto que hay antecedentes, lejanos
y recientes.
En junio de 1945 la Carta de San Francisco
que dio origen a la conformación de las Naciones Unidas, ya va preparando el
terreno.
Esta Declaración constituye, a juicio de
quien esto escribe, uno de los documentos más importantes que existe en la
actualidad.
Pero lamentablemente es poco conocida por
el ciudadano en general. Sería muy importante y positivo que fuese más conocida
y estudiada, abordando su enseñanza desde la más temprana edad.
Son, ni más ni menos, las libertades y los
derechos que cada ser humano posee por el simple hecho de…ser humano.
La educación de los Derechos Humanos
debería, debe, comenzar por casa. Pero la educación formal y no formal no solo que no debe de estar ajena a los
mismos sino que debe darle la
importancia que corresponde, como un elemento fundamental que va mucho
más de una asignatura y que, en todo caso, puede incluir a varias.
Educación en Derechos Humanos es educación
en valores.
Y eso debemos de hacerlo todos los días y
en cualquier ámbito.Cuando nos referimos a estos temas, me
complace mencionar la frase de aquel gran sabio judío -Hilel- que dijo:
«no le hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a tí».
No sé si Hilel conocía el concepto o la
expresión «Derechos Humanos».
Pero sí sé que si la
humanidad cumpliera, aunque más no sea esta máxima de Hilel, estaríamos -el
mundo- bastante mejor de lo que estamos hoy día.