Decenas de miles de campos de la muerte nazis desconocidos salen a la luz

27/Ene/2017

The Times of Israel (traducido por Enlace Judío México), Por Noah Lederman

Decenas de miles de campos de la muerte nazis desconocidos salen a la luz

La “Enciclopedia de los campos y los guetos”,
que estará completa en 2025, ha documentado 42.500 sitios de persecución nazi –
más de ocho veces más de lo previsto. Y el número sigue subiendo
En 2000, el Museo Memorial del Holocausto de
los Estados Unidos en Washington, DC (USHMM, por sus siglas en inglés), encargó
a los investigadores crear un registro completo y único que documente con
precisión los miles de sitios de persecución que los nazis habían establecido.
El USHMM estimó que descubriría cerca de 5.000 sitios de persecución, que
incluirían campos de trabajos forzados, burdeles militares, guetos, campos de
prisioneros de guerra y campos de concentración.
Pero cuando la investigación se puso en marcha
ese número se disparó.
En 2001, el número ya se había duplicado. Unos
años después, los investigadores habían descubierto 20.000 sitios. Ahora, la
“Encyclopedia of Camps and Ghettos, 1933-1945” contiene más de 42.500 sitios
que los nazis utilizaron para perseguir, explotar y asesinar a sus víctimas.
“Pero francamente, podría elevarse mucho más”,
dijo Geoffrey Megargee, líder del proyecto, quien coordinó la publicación de
los dos primeros libros de la serie de siete. El libro final de la enciclopedia
se publicará en 2025.
“No había rincón en Alemania [durante la
guerra] … donde no hubiera alguien allí contra su voluntad”, dijo Megargee,
hablando antes del Día Internacional del Holocausto.
Para Megargee, contar los sitios fue uno de
los principales retos del proyecto. Por ejemplo, hubo campamentos que cambiaron
los propósitos con el tiempo y burdeles dentro de los campamentos. Por
precaución a riesgo de fallar, sitios como estos se contaron sólo una vez. Los
investigadores también se abstuvieron de contar los subcampos, de los que había
decenas de miles.
Para que los investigadores concluyeran que un
sitio había existido, no les bastaba con el testimonio de una sola persona. Era
imperativo corroborarlo con varios testimonios de testigos y documentos
oficiales.
Dada la brecha de más de medio siglo entre la
liberación del último campo y el inicio del proyecto, ses posible imaginar
cuántos sitios permanecerán por siempre sin registrar. No sólo los registros y
testimonios que se destruyeron o perdieron durante y después de la guerra,
también estaban en una miríada de idiomas, o eran escondidos por gente
avergonzada, indiferente o sin remordimientos. Algunos se fueron a sus tumbas
con los testigos y víctimas que murieron antes del nuevo milenio.
Sin embargo, el número de sitios descubiertos
fue más de ocho veces superior al pronosticado por los expertos de la USHMM, la
vanguardia en la investigación del Holocausto.
Tal vez sólo fue posible llegar a esta cifra
impactante precisamente por el paso del tiempo, porque el tiempo aportó al
proyecto un elemento que nadie había predicho.
Esqueletos en el armario
Cuando Hermann F. Weiss decidió excavar en el
pasado de su familia en 2001, sus hermanos lo desaprobaron. Su hermano le dijo
que ya había escrito suficiente sobre el Holocausto. Weiss no estaba de
acuerdo.
“Mi familia estaba ansiosa” -admitió Weiss.
“Tenían miedo de descubrir cosas terribles de mi padre”.
Su padre, a quien Weiss describe como
“cómplice”, era un ingeniero que supervisaba la construcción de infraestructura
para Schmidding, una compañía alemana de desarrollo de misiles. Weiss
necesitaba respuestas. El papel de su padre durante la guerra lo perseguía.
Weiss se había trasladado incluso a los
Estados Unidos en parte como una manera de escapar de esta carga familiar y
nacional, pero el peso cruzó el Atlántico con él. Se sentía deprimido y
avergonzado. Lo único que Weiss vio como respuesta razonable fue “dar voz a las
muchas [víctimas] desconocidas”.
Concentró su investigación en Silesia, una
región que se extiende por partes de Polonia, Alemania, y lo que es hoy la
República Checa. En Silesia su padre había trabajado para Schmidding y era
donde, en 1944, Weiss había pasado los siete meses más felices de su niñez
porque “no había ningún bombardeo”.
Pero investigar las atrocidades en Silesia
parecía no tener punto de partida. “La mayoría de los historiadores no tocan
[estos sitios]”, dijo, “porque hay muy pocos documentos del tiempo de la
guerra”.
“Mi familia temía descubrir cosas terribles de
mi padre”
Después de revisar este número limitado de
documentos y memorias de supervivientes, Weiss frecuentemente recurrió a una
práctica despreciada por quienes estaban obligados a ella: la llamada fría. Por
ejemplo, había leído una memoria sobre un campo de trabajos forzados en Silesia
que acusaba a un comandante llamado Kurt Pompe de actos bárbaros. Weiss se
había enterado que el primer nombre del hijo más joven de Pompe era Herbert.
Encontró seis Herbert Pompe en el directorio telefónico alemán en línea, y su
segunda llamada fue contestada por la nuera de Kurt Pompe.
La conversación reveló una serie de cosas,
incluyendo dónde y cuándo había muerto Kurt Pompe. Este hecho permitió a Weiss
descubrir el archivo de des-nazificación de Pompe, que mostraba que los
estadounidenses no eran conscientes de los crímenes de Pompe. Weiss registró el
expediente en una publicación de Yad Vashem, y, en términos mucho más breves,
en las entradas de la enciclopedia para los campos donde Pompe había cometido
sus crímenes.
-Las entradas de la enciclopedia tienen que
ser muy condensadas -explicó Weiss, con una pizca de pesar en la voz.
La investigación de Weiss lo ayudó a producir
unas dos docenas de entradas en campos de trabajos forzados en Silesia para las
series de la enciclopedia. Antes de investigar, había poca información
publicada de la mayoría de los sitios. De hecho, seis nunca habían sido
registrados y fueron descubrimientos propios de Weiss.
Y sin embargo, algunos de los recuerdos más
indelebles de Weiss producto de su investigación no están en la enciclopedia.
“Su aparente insignificancia era tan
significativa”
En un viaje a Silesia, Hermann Weiss descubrió
un sitio de persecución indocumentado que apareció tal como habría sido días
después de llegar las tropas soviéticas. Los testimonios de los aldeanos
permitieron que Weiss localizara seis tumbas sin marcar, donde fueron
enterrados tres polacos y tres judíos asesinados. Cuatro de los seis montículos
seguían visibles. No había espacio en la enciclopedia para contar estas
historias. Pero, como el espectro del trabajo de su padre, estas historias lo
corroían.
“Su aparente insignificancia”, explicó Weiss,
“era tan significativa”.
Cenar con un asesino
Katherina von Kellenbach había crecido
refiriéndose a Alfred Ebner como su tío. Sin embargo, cuando la familia se
reunió con Ebner después de la Segunda Guerra Mundial, su presencia en la mesa
nunca sentó muy bien a von Kellenbach.
Ebner había sido responsable de organizar,
dirigir y orquestar los asesinatos masivos de más de 20.000 judíos en Pinsk,
donde el 86% de los residentes del gueto eran mujeres y niños. Después de la
guerra, cuando los tribunales persiguieron a los nazis más importantes, Ebner
recibió clemencia, después de diagnosticarle una forma de demencia.
En la mesa familiar, von Kellenbach lo veía
perfectamente bien. De hecho, los otros miembros de la familia veían a Ebner
como víctima. Consideraban que Ebner sufría de supuestas acusaciones
infundadas.
El investigador Max Strnand en un sitio de
persecución con el libro del que es autor. (Noé Lederman / Times of Israel)
Si los tribunales no responsabilizaban a Ebner
y si Bielorrusia no tenía memoria pública de estas atrocidades, von Kellenbach
estaba decidida a investigar.
En 1999, comenzó a investigar el pasado de su
tío, visitando el archivo de Yad Vashem para reunir datos sobre Pinsk. Pero
muchos documentos estaban en hebreo u otras lenguas que le eran ajenas.
Necesitaba ayuda para entender las cosas. Cuando supo de una sobreviviente de
Pinsk que podría ser de ayuda, dudó.
“Era difícil llamar a un sobreviviente y decir
‘Soy la sobrina de Alfred Ebner’”, dijo. Pero es lo que hizo, y durante dos
días ella y el sobreviviente Nahum Boneh se sentaron a la mesa de su cocina con
todos los documentos, desentrañando los crímenes de Ebner.
Durante años, von Kellenbach trabajó en el
rescate de documentos atrapados en los archivos de otros países y en ocasiones
tuvo que dirigir una operación de investigación de intriga y misterio. Puesto
que las autoridades nunca le habrían permitido conducir una investigación sin
trabas sobre un criminal conocido de la región de Pinsk, fingió investigar a
los partisanos de los alrededores de Pinsk. Eso le dio acceso.
Su familia veía su trabajo con ojos hostiles.
Pero la investigación redujo las mentiras y la credibilidad de Ebner en la
familia se debilitó. Dejaron de protestar por sus esfuerzos, aunque los hijos
de Ebner siguieron viendo a su padre “como un buen hombre, que ayudó a muchas
personas”, dijo von Kellenbach.
“No hay forma de salir del archivo a las 5:00
p.m. como un ser humano”
Durante una sesión con los documentos, von
Kellenbach había descubierto escritos en los que un oficial de policía bajo el
mando de su tío dudaba si debía matar al niño delante de la madre, o viceversa.
Ese día, Ebner había decidido los asesinatos de más de 7.000 personas.
“No hay manera de salir [del archivo] a las
5:00 p.m. como un ser humano”, dijo von Kellenbach después de leer esos
documentos.
El tiempo está de nuestro lado
Los investigadores son mucho más diversos que
los familiares y cómplices de los criminales. Mientras que el proyecto tiene
muchos historiadores (obsesionados) a bordo, hay investigadores que
sobrevivieron a uno o más de los 42.500 sitios, así como descendientes de
supervivientes.
Hannah Fischthal, por ejemplo, investigó
sitios donde sus tíos habían estado encarcelados. Su trabajo ha ayudado a
desacreditar imprecisiones. Karwin se había considerado siempre un campo de
prisioneros de guerra por una película documental sobre un prisionero italiano.
Pero Fischthal probó que Karwin era, de hecho, un campo predominantemente judío.
El expediente fue corregido y las víctimas judías fueron honradas recientemente
con una placa en el lugar.
Los investigadores están encontrando campos
tal como los paleontólogos desentierran dinosaurios. Con la tecnología
disponible, la arqueóloga forense Caroline Sturdy Colls ha llevado a cabo una
investigación de radar penetrante en el suelo cerca de Adampol, donde ha
descubierto pruebas enterradas que corroboraron testimonios de testigos y
arrojaron nuevos hallazgos.
Una fábrica en Unterschleissheim, construida
en el lugar donde los judíos y otros trabajadores esclavos trabajaron con lino
durante el Holocausto. (Noé Lederman / Times of Israel)
Martin Dean, editor de la serie en la
enciclopedia antes de abandonar el museo y el proyecto a finales de 2016,
originalmente había sido investigador de crímenes de guerra en Scotland Yard.
Pasó años construyendo casos contra los criminales, pero la mayoría daba
resultados insuficientes – algunos ex nazis se excusaban por su mala salud,
otros murieron antes de ser llevados a juicio.
Aunque Dean como investigador fue restringido
por los tribunales, sus conocimientos adquiridos ayudaron a corregir el récord
de numerosos sitios desconocidos, entre ellos algunos de los 300 guetos nunca
antes documentados.
Bunker buster
A unos 14 kilómetros al norte de Munich, se
encuentra la ciudad de Unterschleissheim. El área entera fue una vez sitio de
persecución, y el investigador Max Strnand ayudó a documentar la planta de
teñido de lino Lohhof, el campo que una vez ocupó estas tierras.
Además del campamento, explicó Strnand, apenas
había algo en Unterschleissheim durante la guerra. La localización entonces
tenía solamente una línea de tren, un almacén, y una torre, todos existen hoy
todavía: la estación de tren está bajando el camino desde el almacén y la torre
– ahora envueltos en modernos anuncios.
Los nazis llevaron allí esclavos judíos y
prisioneros de guerra para trabajar el lino. Las fibras del tallo se llevaban
al almacén, como materias primas para lencería.
Antes de Strnand, ni una sola fuente contó la
historia del campo de Unterschleissheim y los hechos se dispersaron como
confeti después de un huracán. Pero Strnand desenterró pacientemente una
historia entera, incluyendo información sobre los prisioneros, de los cuales
había constantemente 200 en cualquier momento.
“No sabemos si la gente fue ejecutada aquí,
pero hubo muchos accidentes”, dijo Strnand. Sin embargo, señaló que sólo el 10%
de los presos judíos que pasaron por Unterschleissheim sobrevivieron a la guerra,
ya que los judíos de este campo fueron enviados directamente a campos de
exterminio como Treblinka o Sobibor.
“Esto es algo que concierne a todos los que
viven aquí”, dijo Strnand, que ahora ve su libro sobre Lohhof implementado en
las lecciones de historia de las escuelas locales. Antes de publicar su libro,
la mayoría de la gente de la ciudad ignoraba que hubiera existido un
campamento.
Según Daniela Benker, directora de Cultura de
la ciudad, hay planes para construir un sitio conmemorativo antes de 2018. Pero
como las estructuras pertenecientes al antiguo campo están en tierra privada,
el objetivo es construir un monumento en otro lugar – tal vez en la estación de
tren en la carretera – donde pueda ser visible para el público.
Caminaba por el sitio, Strnand encontró a un
electricista que terminaba su día. Se presentó y pidió permiso para caminar por
los terrenos. El electricista sacó una llave que accedía a un cobertizo de
provisiones, un antiguo búnker nazi.
Una fábrica en Unterschleissheim, construida
en el lugar donde los judíos y otros trabajadores esclavos trabajaron con lino
durante el Holocausto. (Noé Lederman / Times of Israel)
El búnker parecía un cobertizo de
almacenamiento típico; sin embargo, el techo reforzado que una vez proporcionó
seguridad adicional contra un bombardeo todavía era visible. Strnand sabía más
sobre el campamento que nadie, pero veía las entrañas de este edificio por
primera vez. Incluso los expertos seguían descubriendo nuevos hechos sobre las
historias ocultas del Holocausto.
El trabajo nunca se acaba
Seguirá habiendo muchas cosas desconocida
sobre las víctimas o los lugares donde los nazis solían deshumanizar a la gente
y cometer asesinatos. Pero la serie de la enciclopedia es el esfuerzo más
grande por documentar tantos sitios con más cuidado e incluir tantos
testimonios como sea posible. Cuando se complete en 2025, muchos de los
investigadores del proyecto seguirán trabajando.
‘Sigo recogiendo. Sigo buscando’
Después de que Hermann Weiss terminara de
corregir el informe de Kurt Pompe, el nazi de Silesia, examinó los informes de
otros criminales nunca llevados ante la justicia. Weiss encontró cientos de
testimonios sobre un hombre llamado Hauschild, uno de los criminales más
sádicos de la región de Silesia. A pesar de los testimonios y las acusaciones
contra Hauschild, el hombre sigue siendo el rompecabezas más grande de Weiss.
Weiss no logra conectarlo con ninguna organización nazi en particular y por lo
tanto no puede condenar al hombre ni informar con precisión.
“Sigo recogiendo. Sigo mirando”, dijo Weiss.
“Este es un ejemplo de cómo podrían permanecer desconocidas tantas cosas sobre
el Holocausto para siempre… [La enciclopedia] proporcionará alguna base para
seguir trabajando”.
Noah Lederman es el autor del libro de
memorias “Un mundo borrado: la búsqueda de un nieto de los secretos del
Holocausto de su familia”, publicado el 7 de febrero por Rowman &
Littlefield.