Oncología infantil. Experto israelí contó cómo es vivir dedicado a curar a niños con leucemia. En referencia a Uruguay dijo que avanzó pero tiene carencias. Nuevas drogas generan esperanzas
LETICIA COSTA DELGADO
«El día en que recuerde la experiencia con mis pacientes y no me vengan lágrimas a los ojos abandonaré la profesión», asegura Isaac Yaniv, experto internacional en oncología pediátrica. Según él mismo, primero es médico y luego científico.
De mirada firme, y estatura mediana, Yaniv aparece con una taza de café en el hall del NH Columbia, aprovechando una pausa en las Jornadas latinoamericanas-israelíes de Hemato Oncología Pediátrica.
Es su tercera visita a Montevideo, en coincidencia con la tercera edición de las jornadas, espacio de intercambio científico entre profesionales uruguayos e israelíes. Dentro de la medicina de niños, la Hemato Oncología se concentra en el estudio de enfermedades malignas como la leucemia.
-Quisiera preguntarle cómo es trabajar en una profesión con un contacto tan cercano con la muerte de los niños.
-Me cuesta muchísimo hablar de eso pero adelante, ¿qué quieres saber?
-¿Qué lo ha llevado a dedicar 30 años a esta carrera?
La respuesta de Yaniv, presidente de la Sociedad de Hemato Oncología Pediátrica de Israel, viene en forma de lágrimas que le empañan los ojos y le ablandan la mirada. «Es muy difícil. Es muy duro, nunca te acostumbras», comenta como hablando para sí mismo y recuerda una anécdota que responde la pregunta.
Hace unos años su hija mayor quiso hacerse una intervención en la vista para dejar de usar lentes de aumento. Decidida a encontrar el mejor médico sin contar con la ayuda de su padre, le preguntó a todos sus amigos hasta que dio con el especialista de mayor renombre.
Llegó el día de la consulta, entró en el consultorio y se sentó delante del experto. Él tomó una libreta, leyó su nombre y cuando vio su apellido le preguntó cuál era la profesión de su padre. Ella respondió que era médico; el preguntó dónde trabajaba y cuando escuchó «en el hospital Schneider» apoyó la libreta y levantó la mirada.
«Tu padre fue el doctor que me curó de leucemia cuando yo tenía 15 años», respondió frente a la hija de su hoy colega. «Hay muchas historias así, eso es lo alentador. Y el día que a mí no me vengan lágrimas al recordarlas voy a dejar de trabajar en esto», remarca Yaniv.
A lo largo de su carrera, el experto israelí ha visto aumentar la expectativa de vida de la enfermedad desde un 40% a un 85%. Para él, esto resulta más que estimulante aunque en el proceso vivió duras pérdidas.
«Una de las que recuerdo es la de un adolescente que atendí cuando recién comenzaba a trabajar. Verás, uno es humano y por más que trate a todas las personas igual, hay pacientes con los que surgen vínculos más fuertes», relata.
Este paciente fue uno de ellos. Realizado el diagnóstico, el chico empezó el tratamiento y evolucionó bien. Sin embargo, tiempo después empezó a sentir molestias, ante lo cual decidieron realizar una punción medular (la leucemia está asociada con el aumento incontrolable de los glóbulos blancos en la médula ósea).
«Hicimos el procedimiento y enviamos las muestras al laboratorio. Normalmente su análisis no lleva más de 15 minutos pero esta vez estuve dos horas haciendo cosas que de golpe me resultaron muy pero muy urgentes. En realidad, lo único que quería era evitar confirmar que la leucemia había vuelto», recuerda a la distancia. Meses más tarde el chico falleció.
Hoy, décadas después, Yaniv admite que el momento de dar el diagnóstico es lo que más le cuesta. «Cuando el niño viene al hospital por primera vez y le hago el examen; el momento antes de ir a la habitación donde están los padres, cuando sé que lo que les voy a decir les va a cambiar la vida para siempre, es algo a lo que nunca voy a acostumbrarme».
AVANCES. En esta pulseada entre la vida y la muerte, para Yaniv dedicar tiempo a la investigación resulta clave. No sólo porque le aporta desde otro ámbito, sino porque lo ayuda a sentirse más involucrado en avances que podrían mejorar la atención.
En esta línea, su hospital (formalmente «Centro médico infantil Schneider») lleva adelante dos estudios innovadores. Uno se concentra en el neuroblastoma, uno de los tipos más agresivos de cáncer infantil (afecta al tejido nervioso).
Yaniv y colegas del Grupo Europeo de Neuroblastoma prueban una terapia que se vale de anticuerpos específicos para atacar las células del neuroblastoma. Aumentaron el porcentaje de cura desde un 35 a un 50%. «No es suficiente pero es algo que va en la dirección correcta», dice Yaniv.
El otro avance fue en el tratamiento de la leucemia linfocítica aguda, la variedad más común en los niños. Desarrollaron un método para prever, en el momento del diagnóstico, qué pacientes recaerán. «Esto nos hará capaces de diseñar protocolos más intensivos para los pacientes que van a reincidir y ser menos agresivos en los que sabemos que andarán bien», explica el experto.
LO QUE VIENE. A nivel internacional una de las apuestas para los próximos años es «enseñar» a las defensas del niño a matar las células cancerígenas que sobreviven a la quimioterapia. En el congreso mundial de la especialidad, realizado meses atrás en Estados Unidos, presentaron resultados preliminares.
«El sistema inmune cambia y reconoce las células de la leucemia, como hace con las bacterias, y las ataca. Es otra forma de pensar la enfermedad; yo creo que es una promesa enorme», aventura el especialista.
La técnica sería aplicada una vez finalizada la quimioterapia y no en lugar de ella, advierte Yaniv. «La quimioterapia se va a quedar con nosotros por muchos años más», lamenta el clínico. «Pero necesitamos elementos que puedan destruir las últimas células que quedan después del tratamiento y creo que esto lo podrá hacer».
Quizá sea una vía para sanar al 15% de los pacientes que no supera la enfermedad, meta que aún desvela a Yaniv.
UNA VIDA DEDICADA A LOS NIÑOS
Isaac Yaniv es presidente de la Sociedad israelí de Hemato Oncología Pediátrica. Desde 2002 viene a Uruguay invitado por la Embajada de Israel como parte de un trabajo de cooperación con expertos uruguayos. La primera vez encontró que en Uruguay la Oncología estaba enfocada a los adultos y no a los niños, cuando en realidad su cuerpo en crecimiento podría dañarse de por vida. Esta semana pasó por Montevideo y, en diálogo exclusivo con El País, contó que se sintió muy gratificado porque la realidad cambió radicalmente. Tan es así que algunas de las experiencias locales (como los cuidados paliativos pediátricos) planea integrarlas al trabajo en el Centro Médico infantil Schneider, en Israel. Lo que sigue es un resumen de la charla mantenida acerca de su experiencia y los 30 años que lleva tratando niños y adolescentes con leucemia.
Teleconferencias entre el hospital y la clase
Con el paso de los años el Centro Médico Infantil Schneider vio nacer a 400 nietos. «Nuestros nietos son los hijos de los niños que se curaron de leucemia en el hospital», dice Isaac Yaniv con humor. Son hijos de los 3.500 pequeños que pasaron por el centro y que hoy se desempeñan como personas adultas sanas en distintos espacios de la sociedad. «Nosotros (por él y su equipo de especialistas) vamos a todas sus fiestas, a los casamientos», asegura el experto israelí. «Es muy difícil que yo tenga una noche libre porque no me pierdo una sola de las celebraciones que son importantes para ellos. Son experiencias que nos llenan y nos dan estímulo para seguir trabajando», señala el presidente de la Sociedad israelí de Oncología Pediátrica a su paso por Montevideo.
Conforme hoy trata de acompañar a los expacientes en los momentos especiales de su vida, su equipo trata de que los niños que están bajo tratamiento no abandonen su rutina o lo hagan lo menos posible. Así, cuentan con teleconferencias entre las salas de internación y las escuelas de los pacientes para que puedan «estar» dentro de las clases aunque deban permanecer alejados.
Otra de las medidas que toman en esta línea es dar una charla a todos los compañeros de clase para que sepan cómo tratar al niño afectado por la enfermedad. De este modo, los pequeños entienden qué les pasa a quien hasta hace poco compartía el salón con ellos y, cuando regresa, lo pueden volver a integrar con naturalidad.
Si todo esto es lo menos shockeante posible la recuperación es mejor, asegura Yaniv.
«Cuando empecé la mayoría se moría, hoy la mayoría se cura»
18/Mar/2013
El País, Uruguay, Leticia Costa Delgado