Ni los boicots, ni las campañas de odio, ni los manifestantes pro-palestinos en las puertas de los estadios lograron sacar a Israel de Eurovision, pero lo que no consiguieron los enemigos externos podría concretarlo, paradójicamente, el propio parlamento en Jerusalem.
Pocos días después de la hazaña de Noam Bettan, que terminó segundo en el festival en Viena, la Unión Europea de Radiodifusión (o EBU, la sigla de European Broadcasting Union) le envió una carta de advertencia formal al presidente de la Comisión de Finanzas de la Knesset: si Israel debilita la independencia de su emisora pública, corre riesgo su lugar en Eurovision.
En el centro de la tormenta está una propuesta legislativa que busca eliminar el presupuesto fijo y garantizado por ley de Kan, la emisora pública israelí, para someterlo —según advierten analistas locales y críticos del primer ministro, Benjamin Netanyahu— a las decisiones del gobierno de turno.
El CEO de la EBU, Noel Curran, le escribió al diputado Hanoch Milwitzky, presidente de la comisión, para expresar su «profunda preocupación» por ese proyecto, que se está debatiendo en estos días.
¿Cómo se informa de manera independiente?
Las declaraciones de Curran fueron divulgadas por la propia Kan, otra demostración de las chispas que está generando este proyecto. Citado por la emisora, el funcionario europeo dijo que «un sistema de noticias que depende del gobierno para su presupuesto no puede informar independientemente sobre ese mismo gobierno».
Curran advirtió —en la carta divulgada por Kan y luego citada por varios medios locales— que debilitar su autonomía presupuestaria podría dañar la confianza pública en Israel y dañar la percepción internacional sobre la independencia y credibilidad de la emisora.
«Estos acontecimientos también podrían tener implicaciones más amplias para la imagen democrática de Israel, su panorama mediático y la percepción internacional sobre el entorno mediático democrático israelí», escribió el CEO de la EBU, siempre según Kan.
Desde el ataque terrorista de Hamas del 7 de octubre del 2023 y la consecuente guerra en Gaza, Eurovision se convirtió en un verdadero campo de batalla de relaciones públicas para Israel, blanco de una oleada de antisemitismo en gran parte del mundo.
Por ejemplo, las representantes en Basilea 2025, Yuval Raphael, y en Malmö 2024, Eden Golan, debieron soportar abucheos de sectores del público y la hostilidad de muchos de los jurados profesionales por países. De todas maneras, Golan logró un destacado quinto puesto y Raphael quedó segunda, muy cerca de la corona.
Bettan también tuvo que cantar sobre algunos abucheos, pero se lució con un espectacular segundo puesto y hasta consiguió muchos votos de los jurados. Lamentablemente, cinco miembros de la EBU (España, Irlanda, Islandia, Eslovenia y los Países Bajos) decidieron boicotear el evento.
Cuando la política mete la cola
Mientras Eden, Yuval y Noam cumplieron con creces sobre el escenario, la política está haciendo de las suyas y poniendo al país en el banquillo de los acusados. Como ocurre con otras administraciones alrededor del mundo, el gobierno de Netanyahu mantiene una tirante relación con los medios, incluyendo avances de privatización sobre los públicos.
El diario Maariv, por ejemplo, describió la situación como «un drama político-mediático» y dijo que la carta del CEO de la EBU es «una alarma preocupante». Curran, por su lado, tomó un claro partido en la pulseada entre los medios públicos y el gobierno de Israel.
«Especialmente en los últimos años, Kan operó en circunstancias excepcionalmente desafiantes, mientras sigue prestando un servicio público esencial», destacó el funcionario. La emisora, añadió, merece «mantener las condiciones que permitan la independencia y la autonomía».
Se trata de una condición —completó— que «no solo es importante» para la propia emisora, que forma parte de la EBU desde 1957, sino también «para el propósito de mantener los valores y las alianzas que sustentan la participación en la comunidad internacional de medios públicos».