Hace más de dos décadas que Eduardo Perel
vive bien de cerca el conflicto entre israelíes y palestinos. Desde que en
diciembre de 1995 emigró desde Argentina hacia Israel, este entrenador de
fútbol reconoce que en lo inmediato resulta una utopía la paz en Oriente Medio.
Sin embargo, él alberga un rinconcito de esperanza ligado a la pelota: es
director deportivo de un proyecto que une a chicos judíos y árabes en las
canchas de fútbol.
“Si se aceptan como compañeros, si se
abrazan cuando hacen un gol, significa que se puede”, cuenta desde Carmiel, en
el norte de Israel, Perel, quien antes de abandonar su país dirigió a Chacarita
y a Berazategui en el ascenso. Luego de ello, en 1995 y a raíz de una
enfermedad que aquejaba a su hija (síndorme XL), llegó a la tierra de sus
ancestros y al poco tiempo se volcó a la dirección técnica.
En 2002, Perel se integró al Proyecto
Shalom de la Fundación Shimon Peres por la Paz, del que más tarde fue designado
director deportivo. El proyecto comenzó con escuelas de fútbol para chicos de
entre 8 y 14 años en las ciudades árabes del Estado De Israel (1.200.000 de sus
habitantes son árabes), donde asistían profesores de fútbol judíos y también se
les daba apoyo escolar. Todo esto, dice Perel, generó “un gran impacto”. Allí
luego se armaron equipos mixtos y más tarde el sistema se replicó en ciudades
judías. “Hay una gran carga de prejuicio, pero con el tiempo se van tolerando y
se forman amistades”, comenta. Y se esperanza con que el festejo futbolero sea
el génesis de la paz: “El gol lo gritan un árabe y un judío juntos. Eso quiere
decir que algo en común hay. Buscando las cosas que hay más en común vamos a
llegar a la solución del tema”.
El Proyecto Shalom, del cual hoy participan
15 mil chicos, recibió el Premio Estado de Israel en 2006 y Perel fue
reconocido en 2012 por la organización Mil Milenios de Paz como “Embajador de
Paz”. Además de su trabajo comunitario para integrar judíos y árabes, ha
trabajado como director deportivo en clubes. Lo hizo en Hapoel Ofek Carmiel
durante 14 años. Y ahora lo hace en Kfar Iasiv, donde también el fútbol sirve
como medio de integración: en su club conviven árabes musulmanes y árabes cristianos.
Perel reconoce que, a pesar del gran éxito
en mejorar las relaciones sociales entre judíos y árabes, hay mucho que
recorrer. En este sentido, cuenta una anécdota: luego de una clase de fútbol,
uno de los chicos a los que entrenaba le arrojó piedras en el camino a su casa.
Al niño le pagaban para que arrojara las piedras. Y Perel comprendió que no
sería fácil lograr un cambio profundo de mentalidad.
Sin embargo, el DT, que cada año trae a
judíos y a árabes israelíes a conocer la Argentina como parte del proyecto,
cree que su trabajo “va a servir para crear una mentalidad nueva, para que los
chicos tengan una cabeza más abierta”. Cree que, gritando goles juntos, “van a
pensar más en sentarse a dialogar antes que agarrar un cuchillo”
Con el fútbol, quiere unir a judíos y árabes
04/May/2016
Clarín, Por David Flier