La tragedia y la parodia, lo trascendental y lo insignificante, lo anodino y lo extraordinario se imbrican en La madriguera, la nueva novela de Milton Fornaro, hasta quedar fundidos en una sólida historia. El protagonista es un esperpéntico detective llamado Arquímedes B. Carson, individuo gris y miserable, de los que comen guiso recalentado en la fonda más cercana pero reflexionan apoltronados en un trono incomprensible —un sillón de peluquero colocado en el centro de su apartamento. Carson, un apasionado de su vocación aunque no obtenga dinero alguno, intentará desentrañar el misterio que se oculta tras la aparición de un esqueleto enterrado en el sótano del Palacio Durazno, en el Barrio Sur, sitio donde reside. No faltan las pistas erráticas que pretenderán vincular el episodio al hoy olvidado caso Alberzoni, famoso en la crónica policial de hace medio siglo. Pero son los vínculos con la colectividad judía, tradicionalmente asentada en esa zona de Montevideo, tal como la familia de su amante, los dueños del importante comercio El Emporio del Hogar y la conocida Asociación Cultural Israelita Dr. Jaime Zhitlovsky, los que terminarán por imponérsele.