Durante la década de los cincuenta, no resultó extraño ver pasear, tranquilamente, a nazis o espías que gozaban de la protección de Franco por las callejuelas de Madrid. Restaurantes (Pasapoga, Chicote, Horche), bares, estaciones de ferrocarril, entre otros lugares, fueron algunos de los rincones donde se dejaron ver.Paúl María Hafner se exilió a Madrid para vivir su paraíso, tras el Holocausto, y abrir, bajo el respaldo franquista, el «Cortijo Tirolés»