Además de reivindicar la alegría, el carnaval propone una inversión de jerarquías sociales que funciona como una especie de catarsis popular, y es al mismo tiempo una forma de expresión política de denuncia. En la tradición judía, Purim encarna ese espíritu de alegría y también rebeldía. O alegre rebeldía. Ante las defensas insuficientes para enfrentar al perpetuo antisemitismo, el humor judío y Purim son fuentes y formas de rebelión.