El recién fallecido Shimon Peres, sepultado el viernes en Jerusalem en el cementerio de “Los Grandes de la Nación” tal cual corresponde a su gigantesco aporte a su país, era un estadista israelí y por ende, no es automático que lo lloren también los árabes. Podemos por cierto entenderlo, aunque estamos convencidos de que lo que él quería hacer -y en parte alcanzó a lograr- en pro de los vecinos árabes de Israel, superaba enormemente lo que hicieron por ellos sus propios gobernantes.