Cuando el St. Louis atracó en la bahía de La Habana, los pasajeros esperaron y desesperaron. Durante seis días, se negoció inútilmente con Cuba, con los Estados Unidos y con Canadá. Ningún país aceptó a los perseguidos. Por la gestión del American Jewish Joint Distribution Committee, el Reino Unido, Francia, Bélgica y Holanda aceptaron a parte de los pasajeros. Sólo los 287 refugiados en el Reino Unido lograron escapar del nazismo.