José Gervasio Artigas, el prócer de la nacionalidad oriental, falleció repentinamente el 23 de septiembre de 1850 en Paraguay -país al que había llegado 30 años atrás- en su residencia en el barrio Trinidad, de la capital Asunción. En aquel amanecer, las últimas palabras del Karay Guazú, como le llamaban los guaraníes, fueron “¡Mi caballo! ¡Tráiganme mi caballo!” Los restos del general recibieron sepultura en el Cementerio de la Recoleta, en el sector denominado “Campo Santo de los Insolventes”, a poca distancia de la quinta en la que entonces vivía.