Son años ya que desde la mercurial boca del primer ministro turco Erdogan, cual Júpiter tonante, no paran de salir rayos, truenos y centellas que recorren los espacios circundantes, pero últimamente el buen señor, encantado sin duda consigo mismo, ha decidido prodigarlas con más intensidad ya que difícilmente cabe más rabia; las amenazas truenan en sus discursos, como si las palabras no fueran en política no ya la forma primaria en la que se concreta una acción, sino una acción en sí misma. ¿Estará estudiando para mago y así controlar todos los efectos posibles de sus baladronadas? No tardará en verse.