La semana pasada, en medio de la profunda emoción por la liberación de Guilad Shalit de las manos de Hamas tras cinco años y cuatro meses de encierre, surgían también las dudas, el dolor.Pero ahora, con Guilad ya tranquilo en su casa, retornando paulatinamente y sanamente a cierto tipo de rutina en el seno de su familia y su pueblo, es momento de hacer algunas aclaraciones.
Las dudas no eran acerca de si acaso el peligro existe en la liberación de terroristas, sino acerca de en qué medida podemos estar seguros de que ese peligro se concretaría. Ni el más entusiasta defensor del acuerdo entre Israel y Hamas que hizo posible la recuperación de Shalit, dudaba de que el riesgo existe.Es que, recordemos: los excarcelados no eran presos políticos ni objetores de conciencia de nada principista sino asesinos, criminales responsables de haber quitado la vida a mucha gente. No todos, pero sí casi 300 de los 477 liberados en la primera etapa.
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