La hospitalidad y ayuda que recibieron de Franco los centenares de agentes y criminales nazis refugiados en España convirtió las costas y ciudades españolas en uno de los territorios más seguros para no caer en las garras de los aliados. España ha sido durante más de cinco décadas el santuario para los fósiles del Tercer Reich que recibieron arropo en las costas españolas. La mayoría de ellos fallecieron en los años ‘´80 y ‘´90 aunque no se descarta la posibilidad que exista algún superviviente de baja graduación refugiado tratando de evitar un juicio por los crímenes cometidos durante la Shoá.