Durante los últimos nueve meses las autoridades iraníes se han afanado por ofrecer su propia versión de las revueltas árabes. El presidente Mahmud Ahmadineyad declaró que los levantamientos de Egipto y Túnez se inspiraban en la actitud «desafiante» de Irán frente a las potencias occidentales. Por su parte, el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, elogió las revueltas de Bahréin, Egipto y Túnez, calificándolas de «despertar islámico» con «objetivos y orientación islámicos».