Con mucho de esperanza de por medio, con tono de ilusión y verdadera expectativa de un cambio para bien, el mundo comenzó hace meses a llamar de “primavera árabe” las revueltas que comenzaron a registrarse hace aproximadamente un año en diversas partes de Oriente Medio, insurrecciones populares contra regímenes autoritarios y no democráticos. El problema es que el que esos levantamientos intentaran poner fin a un largo y duro invierno de falta de libertades, no significa que la alternativa sea realmente una hermosa primavera.