La política hace extraños compañeros de cama, pero que salgan gemelos parece excesivo. Ese es el caso de la visita del presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, a Venezuela, Cuba, Nicaragua y Ecuador. El presidente Daniel Ortega no solo proclamó que ambas revoluciones, la sandinista y la de Komeini, habían nacido hermanas, el mismo año (1979), y del mismo útero, sino que en un extremo desparrame retórico añadió que los nicaragüenses habían seguido enfervorizados el triunfo de la revolución de Teherán.