Después de que una bala en la cabeza pusiera fin ayer a la trayectoria asesina de Mohammed Merah, Francia decidió lanzar una guerra implacable contra el extremismo islámico, el terrorismo y otras ideologías «predicadoras de odio» para neutralizar la expansión de los grupos integristas e impedir que el país se convierta en santuario de organizaciones ligadas a Al-Qaeda. Esa declaración de guerra fue formulada por el presidente Nicolas Sarkozy poco después de que una unidad antiterrorista matara a Merah, autor de los siete asesinatos perpetrados en Montauban y Toulouse.