El papel picado, las banderas, los gritos ensordecedores, las palmas acompañando un cántico. La gente en la tribuna le da un marco especial al espectáculo deportivo. De verdad, no hay fiesta total en un encuentro deportivo sin esa adrenalina que vuelcan los que saltan y cantan unidos por un mismo sentimiento. Eso sí, la cosa cambia cuando a los autores de las letras ingeniosas se les va la mano con la cargada o cuando se pasa a la grosería. Es peor, incluso, cuando se recuerdan muertes o se avisa que otros más van a caer. O se ataca sus orígenes o credos.