Parece un chiste pero no lo es: el futuro de la democracia en Egipto depende del equilibrio entre dos fuerzas profundamente antidemocráticas, los islamistas y el Ejército. Teniendo en cuenta el poder de arbitraje del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF) nadie duda de que el gobierno que emerja del pronunciamiento popular será una democracia tutelada. Egipto vive un caldeado clima electoral en las vísperas de las elecciones presidenciales del 23 de mayo. Observadores extranjeros señalan que en más de medio siglo de predominio militar, nunca se había vivido un clima de pluralismo político y de competencia entre tendencias diversas como el actual. Pero la euforia democrática tiene sus límites.