En la guerra que el régimen de Bachar el Asad libra desde hace más de un año contra el pueblo sirio, la violación de los detenidos –hombres, mujeres y menores de ambos sexos- se suma a otros tipos de torturas y a los tanques, los cañones, las metralletas y los cuchillos. Así lo han documentado la Organización de Naciones Unidas (ONU) y Amnistía Internacional. El pasado noviembre, el informe sobre Siria del Consejo de Derechos Humanos de la ONU certificó la comisión de crímenes contra la humanidad en las prácticas represivas de Asad y sus esbirros. Entre otras atrocidades, el informe recogía testimonios de ex detenidos varones que había sido sometidos a “golpes en los genitales, sexo oral forzado y electrochoques y quemaduras de cigarrillos en el ano”. Se detallaban varios centros policiales y militares en los que se habían cometido tales barbaridades.