En el puerto de El Pireo, decenas de hombres jóvenes de cabeza afeitada y remera negra se apiñaron una noche en un pequeño salón para escuchar el sueño del partido Amanecer Dorado: una Grecia expurgada de extranjeros y con sus fronteras selladas y sembradas de minas terrestres. «Queremos a todos los inmigrantes ilegales fuera de este país. Que se lleven su olor a otra parte», dijo Frangiscos Poriphis, candidato electoral de este partido ultranacionalista y que se mueve en el total hermetismo.