«Haga Patria: mate un judío». Así decían algunas paredes de Buenos Aires. Alguien lo habrá escrito. La oración expresa una de las características del antisemitismo a la cual se ha prestado poca atención. Hacer patria es algo positivo. Sarmiento «hizo patria» abriendo escuelas, San Martín liberando al continente. Pero no es necesario ser prócer para «hacer patria». Quien crea bienes materiales o espirituales «hace patria»: Carlitos Gardel lo hizo transformando al tango de baile de suburbio en fenómeno mundial. Pero el antisemita no sólo es malvado. Es también perezoso y tacaño. Educar a un analfabeto, ayudar a un anciano, construir un canal de desagüe son proyectos que exigen esfuerzo. A veces dinero. El antisemita es insolvente y avaro. En hebreo decimos: «HaPosel bemumó posel». Mal traducido sería «el que critica, critica según su propio defecto».