Decididamente el presidente Bashar Assad está dispuesto a utilizar los medios más contundentes para enseñar al pueblo sirio que la única elección política que le queda es resignarse a la continuación de su dictadura. Esta pedagogía asesina ya lleva 14 meses y hasta la fecha ha causado 12.600 víctimas. El ex secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, quien actúa como mediador con el doble mandato de la ONU y la Liga Árabe, logró trabajosamente un acuerdo y obtuvo la aprobación del gobierno de Assad para un cese del fuego el 12 de abril. Pero para Assad una cosa es aceptar un plan, otra muy distinta es cumplirlo. Por otra parte, el gobierno de Damasco tiene un estribillo que sirve para cualquier ocasión: los culpables son siempre anónimas bandas terroristas, nunca los tanques del ejército ni los soldados o los grupos paramilitares que disparan indiscriminadamente contra civiles. Poco importa que la mentira sea obvia. Es una versión oficial reiterada con un cinismo que desarma toda objeción basada en hechos.