Fue un golpe de manual guerrillero: espectacular y a un tiempo desmoralizante para las fuerzas del régimen sirio de Bachar al Asad. El miércoles, un topo rebelde, integrante de la guardia de custodios de Al Asad, logró birlar los controles en la sede de la Seguridad Nacional en Damasco y plantar poderosas bombas en la sala donde se reunía el gabinete de guerra del régimen.