Bahréin será minúsculo para el mundo, pero con el correr de los días se ha ganado la atención mundial como uno de los epicentros de la ola árabe que ya derrumbó a los dictadores de Túnez y de Egipto. El pequeño país del golfo vivió ayer una jornada negra por la muerte de al menos cuatro personas, cuando la policía cargó en la madrugada contra miles de manifestantes que se encontraban acampando en la plaza Lulu (Perla) de Manama, en medio de revueltas populares que piden la caída del gobierno y su sustitución por un régimen que contemple a las desplazadas mayorías sunitas, mientras el poder teme que degeneren en divisiones sectarias.