La vigésimo quinta edición de la feria internacional del libro de Jerusalén comenzó con la entrega de un galardón literario al novelista británico Ian McEwan que un grupo de escritores de su país le había pedido que rechazase.
La vigésimo quinta edición de la feria internacional del libro de Jerusalén comenzó con la entrega de un galardón literario al novelista británico Ian McEwan que un grupo de escritores de su país le había pedido que rechazase.
Como si democracia islámica fuera menos oxímoron que círculo cuadrado.
Irán tiene un pie en el Mediterráneo. Ahora. Es la única novedad tras la caída de Mubarak. Desde 1979, cuando los ayatollahs tomaron el poder y mutaron el humano despotismo del Shah por el divino de la teocracia, el paso de Suez estaba vetado a los navíos militares iraníes. Ha dejado de estarlo.
Otra pieza despótica del ajedrez mundial empieza a perder su lugar en el tablero. La misma rabia ciudadana que deshizo los regímenes de Túnez y Egipto, e hizo tambalear luego los autocracias o las monarquías de papel y petróleo de Bahrein, Yemen y Jordania, se vuelca ahora contra el coronel Khadafi. El líder libio, repudiado por la comunidad internacional e integrado luego a golpes de contratos petrolíferos millonarios, sacó su carta de identidad vigente desde hace 42 años: represión y matanza.
Gadafi comparece unos segundos en televisión para negar los rumores sobre su exilio. – El Ejército emplea artillería pesada contra los manifestantes horas después de que el ministro de Justicia anuncie su dimisión por el «uso excesivo de la fuerza». – El régimen pierde el control del este del país. -Deserciones de políticos y jefes del Ejército.