Una miniserie británica que cuestiona a las Fuerzas de Defensa de Israel y al Gobierno israelí fue criticada por el vocero de la embajada israelí en Londres, Amir Ofek, al describirla como «una nueva categoría de hostilidad hacia Israel.»
Una miniserie británica que cuestiona a las Fuerzas de Defensa de Israel y al Gobierno israelí fue criticada por el vocero de la embajada israelí en Londres, Amir Ofek, al describirla como «una nueva categoría de hostilidad hacia Israel.»
Un fuerte vendaval azota desde hace varios días la política francesa. Su nombre es Marine, Marine Le Pen. Y el temporal, a un año de las elecciones presidenciales, amenaza con causar graves daños. La nueva presidenta del ultraderechista Frente Nacional (FN), con su renovada imagen y sus viejas recetas, ha conseguido llevar el debate político a su terreno y ha empezado a escalar de forma vertiginosa en los sondeos de opinión. Algunos avezados analistas, como el veterano Alain Duhamel, ya lo habían vaticinado cuando la hija del furibundo fundador del FN, Jean-Marie Le Pen, tomó el relevo de su padre el pasado mes de enero: “Es igual de dura, pero más temible”, dijo. Ha empezado a demostrarlo.
Es conocido que uno de los principales argumentos esgrimidos por los autócratas de Medio Oriente para legitimizar sus gobiernos es erigirse como única alternativa frente a un Islam militante que tiene por objetivo la constitución de un estado islámico que impondría la sharía (ley divina islámica), discriminando a las mujeres, imponiendo a toda la población una vida integrista negadora de toda libertad individual. El apoyo de EE.UU. a estos gobernantes hoy vilipendiados (y especialmente el control sobre sus fuerzas armadas) tenía como principal propósito combatir cualquier actividad política, ya que la gran potencia daba por descontado que de instalarse una democracia verdadera ésta traería como resultado el acceso de los grupos islamistas al poder y consecuentemente una amenaza a los intereses norteamericanos, dadas las posturas antioccidentales de la mayor parte de estos grupos.
Un mar de petróleo en manos de un tirano es, y será siempre, una pésima combinación. El coronel Muammar Khadafy nos lo recuerda día tras día mientras su régimen tambalea, se resiste y condena a la sociedad libia a un baño de sangre por una razón muy sencilla: sigue convencido de que después de 40 años en el poder merece una nueva oportunidad.