Cuando la cúpula castrense de una nación que limita con Irán, Irak y Siria, y que constituye la segunda fuerza militar de la OTAN, renuncia en masa abruptamente, no se requiere ser un experto para advertir que algo inédito y con repercusiones potencialmente graves para ella misma y toda la región está en juego. Tal fue el caso cuando, a fines de julio, presentaron simultáneamente su dimisión el Jefe del Estado Mayor Conjunto y los comandantes del Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina en Turquía.