Dentro de su hiperbólico culto a la personalidad, a Muamar Gadafi le gustaba presentarse como «decano de todos los líderes árabes, rey de reyes del África e imán de todos los musulmanes». Aunque a la cabeza de sus muchas ambiciones, figuraba pasar a la historia como un gran intelectual de la política. Obsesión que siguiendo la fórmula acuñada por Mao en la China comunista, el dictador libio empezó a cultivar con la publicación a partir de 1975 del Libro Verde.