A Abraham le separaron de sus padres cuando apenas tenía un año. Helen y Joseph eran dos judíos atrapados en la cárcel del nazismo. Helen y Joseph eran dos judíos atrapados en la cárcel del nazismo. Huyeron desde Beránavichi (Bielorrusia) hasta Vilnius (Lituania), intentaron vivir sin presión y darle a su bebé un futuro en una Europa que desfallecía a golpe de disparos y gases. Al poco tiempo, destinaron a su madre a un gueto y encerraron a su padre en un campo de concentración. La desesperación les llevó a entregar a su hijo a una mujer que le convirtió al cristianismo y que, tras la liberación de sus padres, le secuestró. A pesar de todo, tuvo la suerte que no corrieron los seis millones de personas que fueron asesinadas por el régimen nacionalsocialista. “Hay un futuro para los judíos en Europa, si no, Hitler habría ganado”, asegura este superviviente del Holocausto, a sus 78 años. “Nuestra venganza se produce cada vez que nace un niño judío”.
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