El primer tuit llegó como un mensaje en clave, una señal para el ejército de la “derecha alternativa” cuya existencia yo apenas conocía: “Hola ((Weisman))”. Esa fue la respuesta que dio @CyberTrump a mi tuit sobre un ensayo de Robert Kagan acerca del surgimiento del fascismo en los Estados Unidos… Desde entonces no se ha detenido el odio antisemita, en buena medida procedente de quienes se identifican como simpatizantes de Donald Trump. Trump, el emperador dios me envió la iconografía nazi del judío perezoso con nariz de gancho. Me enviaron una imagen del portón de Auschwitz, con la famosa frase “Arbeit Macht Frei” (El trabajo libera) cambiada sin pizca de ironía por “Machen Amerika Great”, un alemán macarrónico que recuerda el lema de Trump. Después de las burlas por el holocausto, como un sendero de billetes que lleva a un horno crematorio, vino la afirmación de que el holocausto jamás ocurrió.