El Papa Francisco denunció la discriminación en contra de las comunidades católicas y apuntó especialmente a las naciones donde la libertad religiosa está protegida por ley.
En plena conmemoración de San Esteban, considerado el primer mártir católico, el Sumo Pontífice pidió a los miles de fieles que se dieron cita en la Plaza de San Pedro, un minuto de silencio para orar por «los católicos que son acusados injustamente y están sometidos a toda clase de violencia».