Robots capaces de imitar al humano ponen en jaque aquellos oficios menos calificados y riesgosos, mientras que los optimistas suponen una mejora en la calidad de vida.
El trabajo de Homero Simpson corre peligro. Su lugar en el reactor nuclear está por ser ocupado por robots. El mismo destino corren quienes cumplen tareas en las plantas petroleras de alta mar o los rescatistas en catástrofes naturales. Es que las grandes compañías y ejércitos internacionales apuestan a disminuir el riesgo humano utilizando máquinas. Y ya se están ajustando las tuercas.