En una pequeña sala de un tribunal de Bagdad, la ciudadana francesa Djamila Boutoutao acunaba a su hija de 2 años y pedía ayuda. Boutoutao, 29, está acusada de ser miembro del ISIS. Susurrando en su lengua natal al alcance del oído de otras acusadas de ser miembros del grupo terrorista –todas extranjeras como ella-, dijo que la vida se había vuelto insoportable. “Me estoy volviendo loca aquí”, dijo Boutoutao, una mujer menuda de anteojos y mirada inexpresiva. “Enfrento una condena a muerte o a cadena perpetua. Nadie me dice nada, ni el embajador ni la gente en la cárcel”.