La violencia sectaria entre los musulmanes, cuyas raíces datan del siglo VII y se potencian en el siglo XXI, amenaza con elevar más la inflamable situación del Cercano Oriente, donde el conflicto de Siria podría extenderse a las naciones vecinas.
La reanudación de los asesinatos sectarios ha provocado la mayor cantidad de muertos en Irak en cinco años. Jóvenes becados en un seminario musulmán chiita se ofrecen como voluntarios a combatir a los sunitas en Siria. Más al oeste, en Líbano, han empeorado los enfrentamientos entre sectas opositoras en la ciudad norteña de Trípoli.