“El espíritu necesita reencarnarse 1.000 veces antes de pasar a ser uno con Dios”, explica Rajab Assy Karim desde este poblado ubicado unos 190 kilómetros al norte de Bagdad. Si Iraq está lleno de “atajos” hacia el final de la existencia, seguro que uno de ellos pasa por esta pequeña aldea de adobe en mitad del desierto.