Muy lejos quedan las carcajadas arrancadas por el primer ministro israelí Isaac Rabin cuando en una recepción oficial se dirigió a su otrora gran enemigo, el líder de la OLP Yasir Arafat: «¿Cuál es el deporte de los judíos? Dicen que hacer discursos. Empiezo a creer que usted, Sr. Arafat, es casi judío».En el 25 aniversario de los Acuerdos de Oslo, israelíes y palestinos coinciden en no festejarlo. El inacabado proceso, iniciado con conversaciones clandestinas en la capital noruega en 1992 y plasmado el 13 de septiembre del año siguiente con la histórica firma en los jardines de la Casa Blanca, se encuentra en prolongado coma pero sigue vivo. Un cuarto de siglo después del dubitativo apretón de manos entre Rabin y Arafat, el camino se ha convertido en un callejón sin salida y la palabra «paz» en un concepto utópico.