La sola mención de su nombre congeló la atmósfera de aquella reunión que manteníamos, una colega norteamericana y yo, con un alto oficial de la Autoridad Palestina (AP) en la Franja de Gaza a fines de los años noventa.
La sola mención de su nombre congeló la atmósfera de aquella reunión que manteníamos, una colega norteamericana y yo, con un alto oficial de la Autoridad Palestina (AP) en la Franja de Gaza a fines de los años noventa.
En La frontera imposible: Israel-Palestina, la escritora Sonia Budassi narra en forma de crónica la cotidianeidad de uno de los territorios más candentes del mundo, mientras compone un minucioso mosaico de voces que provienen de ambos bandos, convertidos en involuntarios protagonistas de la primera guerra tuiteada de la historia.
Hasta ahora Israel -que hasta no hace mucho tenía la atención concentrada en la lluvia de misiles disparados por Hamas desde la Franja de Gaza- no se ha enfrentado directamente contra los fanáticos milicianos fundamentalistas “sunnis” del auto-proclamado Califato, al que se conoce actualmente como “Estado Islámico”. Las cosas, sin embargo, pueden de pronto cambiar.
Un reiterado sentimiento que actualmente envuelve a menudo las discusiones sobre la cuestión israelí-palestina es el imperativo de evitar que el conflicto se convierta en «religioso». Este sentimiento, que garantiza que las personas ilustradas y liberales asienten con sus cabezas, se destaca incluso dentro del abarrotado y competitivo campo de las expresiones ridículas de la ignorancia histórica halladas en la discusión sobre la cuestión palestino-israelí.