El acuerdo entre Irán y las potencias occidentales marca el fin de una época y el inicio de otra. Por un lado, sella el fin del predominio de Estados Unidos de una región que controló durante 60 años. Por otro, es la consolidación de Irán como potencia regional, lo que va a profundizar la disputa ya abierta por la supremacía en el Medio Oriente con dos potentes competidores que no se van a quedar de brazos cruzados: Arabia Saudita e Israel.