La expectativa era grande, me habían hablado mucho de Miguel Weil, atravesé todos los jardines y edificios de la universidad de Tel Aviv hasta llegar a su lugar de trabajo. ¿Entre pasillos angostos, heladeras, mesas con miles te tubos de ensayo pude llegar hasta su pequeña oficina, Doctor Weil? Una enorme sonrisa y una particular calidez convirtieron la entrevista en una conversación inolvidable. Lejos de su guardapolvo blanco, con una simple remera, una bermuda y sandalias por el agobiante verano israelí, el científico argentino al que el mundo mira por sus logros y espera de él cambios que darán respuesta para mejorar el sistema de terapia para enfermedades raras, compartió su vida, su familia y sus logros en esta entrevista.