«Lo que los israelíes no pueden tolerar, herederos de la milenaria conciencia moral judía, es caer en las bajezas del enemigo. Por ello, cuando recuerdan a Meir Kahane, a Yigal Amir o a Baruj Goldstein, heridas abiertas en el imaginario colectivo, la respuesta es incluso más enérgica que la motivada por un ataque terrorista palestino»»No ha pasado lo mismo en la sociedad palestina. Aunque Mahmud Abás ha dado un gran paso condenando el asesinato de los tres adolescentes judíos secuestrados el pasado día 12 en Hebrón -cosa que no han hecho sus socios de Gobierno, los terroristas de Hamás, que elogiaron a los secuestradores-, las fotos de palestinos -muchos de ellos niños azuzados por sus padres- celebrando el crimen dieron la vuelta al mundo»