Un grupo de judíos israelíes, otro de árabes israelíes y otro de palestinos entran juntos a una fábrica de máquinas de soda en el desierto. Este no es el comienzo de una broma sino la realidad diaria en la planta de SodaStream en el Néguev. Mientras los empleados musulmanes de la compañía observaban el mes de Ramadan -ayudan cada día de la celebración-, todos juntos conmemoraron el fin de la fiesta islámica rompiendo el ayuno con una cena.