El País- por Mariel Varela Chil Rajchman pasó 10 tétricos meses en Treblinka, deseó estar muerto para acabar con el martirio. Se fugó, rearmó su vida en Uruguay y escribió «Un grito por la vida» para evitar que la historia se vuelva a repetir. Su hijo José y su nieta Camila hablan de su legado.