Nada más terminar la Segunda Guerra Mundial, Paul Rosenberg volvió a París. El famoso marchante judío, amigo y descubridor de genios como Picasso o Braque, pisaba de nuevo el país que había tenido que abandonar durante la ocupación alemana. Quería recuperar las joyas que había dejado atrás, entre las que destacaba la Mujer sentada sobre una butaca pintada por Henri Matisse en 1924. Pero sus pesquisas no tuvieron éxito. Han tenido que pasar más de 70 años para que esta obra, también conocida como La blusa rumana, figura con abanico, vuelva a las manos de sus legítimos propietarios.
Ver nota completa