Dagmar Lieblová sobrevivió a tres campos de concentración, entre ellos, Auschwitz. En Terezín formó parte del coro de niños que cantó en la ópera infantil «Brundibár», una isla musical en medio del horror de los «lager»
Dagmar Lieblová sobrevivió a tres campos de concentración, entre ellos, Auschwitz. En Terezín formó parte del coro de niños que cantó en la ópera infantil «Brundibár», una isla musical en medio del horror de los «lager»
Ronald S. Lauder, 71 años, es un hombre muy poderoso. Se siente incluso al teléfono. Por ser uno de los mayores mecenas del planeta arte, por tener una fortuna que supera los 3.100 millones de euros, por ser hijo de la legendaria Estée Lauder —la fundadora del coloso de los cosméticos que lleva su nombre— y por ser el presidente del Congreso Mundial Judío. Pero desde hace 25 años también persigue con un tesón discreto pero incesante el arte expoliado por los nazis a las familias judías. No quiere hablar de arte “perdido” sino “robado”. Ese empeño le ha llevado hasta el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, cuya colección están “inventariando”. Y advierte: “Habrá sorpresas”.
La historia dicta que los nazis fueron responsables del mayor genocidio de la historia, pero a menudo obvia que lo hicieron con la inestimable colaboración de aliados y gobiernos títeres en los países de Europa que ocuparon entre 1939 y 1944. Entre ellos, la Francia del Gobierno de Vichy del mariscal Pétain. El Gobierno de Hungría, aliado del Reich, protegió a sus ciudadanos hasta que Alemania invadió sus fronteras. Y entonces, el pánico.
En 1945, Aleksandar Lebl, un superviviente del Holocausto regresó a Serbia y recuperó la casa familiar. Fue uno de los pocos. La mayoría de propiedades de los judíos diezmados en la Segunda Guerra Mundial quedaron sin herederos, un problema que intenta resolver una ley.